viernes, 21 de octubre de 2011

En torno a las inteligencias múltiples

Valores por encima de inteligencias


Gardner destaca en una charla con Eduard Punset la necesidad de una educación personalizada que identifique las capacidades y forme individuos responsables
Miércoles 19 de Octubre de 2011
Avilés, Vicente MONTES
«Yo no quise asesinar el cociente intelectual», confesó ayer el psicólogo Howard Gardner ante un expectante público en el avilesino teatro Palacio Valdés. Pero aunque intentase exculparse en presencia del polifacético divulgador Eduard Punset, lo cierto es que él fue uno de los primeros en acuchillar la idea de que la inteligencia se fundamenta únicamente en memoria y habilidades matemáticas o lingüísticas. Antes de la irrupción de la denominada «inteligencia emocional» que popularizó en 1995 David Goleman, ya Gardner expuso en 1983 que la inteligencia no era una, sino muchas. Pero en su coloquio con Punset fue más allá y proclamó -a pregunta de una joven del público- que «los valores son más importantes que la inteligencia».
Según Gardner, el cerebro humano encierra ocho tipos de inteligencia (siete en la formulación original de la teoría): inteligencia lingüística, lógico-matemática, visual-espacial, musical, corporal-cinestética, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Cada una de ellas es independiente del resto pero para afrontar diferentes talentos o problemas pueden intervenir varias. El desarrollo de esas inteligencias es diferente en cada individuo, de modo que el reto educativo es potenciar las específicas.
Howard Gardner expuso qué le llevó a formular la teoría de las inteligencias múltiples a principios de la década de los ochenta del pasado siglo. «Entonces yo estudiaba a niños con talentos artísticos y a adultos con daños cerebrales. Me pasaba el día de camino a colegios y a hospitales. Comprobé que había niños superdotados en música, pero con dificultades de lectura, o personas geniales en matemáticas que se perdían de camino a casa. Por otro lado, al analizar personas que habían sufrido ictus comprobé cómo les afectaban los daños en las distintas partes del cerebro», explicó. Con la reflexión sobre esos datos, pasada por el filtro de estudios antropológicos y de otras disciplinas, Gardner enunció la idea de que en el cerebro no existe una única inteligencia cuantificable, sino hasta ocho inteligencias.
«Aun diría que puede haber nueve o diez. La novena sería la inteligencia existencial, que lleva a formular grandes preguntas trascendentes; la décima, la pedagógica, la capacidad de comunicar el saber», añadió. Su salto fue identificar esas capacidades como verdaderas inteligencias y no meros talentos. «El cerebro no es un ordenador, sino que son varios», resumió. Y se preguntó: «¿Por qué los que tienen habilidades matemáticas van a ser inteligentes y los que tienen otras simplemente talentosos?».
En un mundo conectado, inmersos de pleno en la sociedad del conocimiento, Gardner cree que ahora es posible personalizar la educación «más que en ningún otro momento de la Historia». «Antes sólo los muy ricos tenían un tutor personalizado, pero ahora no tenemos que enseñar todo igual a todo el mundo: hay muchas formas de aprender y enseñar», destacó. Y ante esa evidencia indicó irónicamente que «los ministros de Educación son los únicos que no entienden que vivimos en este tiempo».
Gardner lidera el denominado «Good Work Project» (Proyecto del trabajo bien hecho), junto con William Damon y Mihaly Csikszentmihalyi (ante la incapacidad de Punset para pronunciar este nombre el nuevo premio «Príncipe» de Ciencias Sociales hizo un ejercicio práctico de docencia). Este proyecto reflexiona sobre cómo lograr trabajadores no sólo excelentes sino con un comportamiento responsable, y pretende ser un lugar de encuentro sobre cómo formar personas que proyecten sus capacidades.
El psicólogo estadounidense señaló que una de las claves para enseñar a desarrollar la inteligencia que emana de las emociones es «con modelos humanos». «Cuando fui padre descubrí dos cosas: la primera, que los niños nunca escuchan lo que dices pero se fijan en lo que haces; la segunda, que nada de lo que se dice en la mesa a la hora de la cena se olvida jamás», indicó gráficamente. Esto es, el ejemplo y el reconocimiento público de los errores son la mejor forma de enseñanza.
Pero quizás uno de los mensajes más destacados del coloquio fue la idea de que la inteligencia no es moral. «La inteligencia puede emplearse con fines negativos: Goethe y Goebbels eran muy destacados en su habilidad lingüística», recalcó. De ahí que a su juicio «no es suficiente tener inteligencia».
La nota musical al encuentro la puso el grupo «Maldita Nerea», que interpretó el tema «En el mundo genial de las cosas que dices». Su cantante, Jorge Ruiz, logopeda, señaló que el concepto de las inteligencias múltiples le fue útil a la hora de poner en marcha su grupo. La clave: aunar inteligencias diversas para lograr una perfecta combinación de talentos.


PABLO F. BERROCAL. CATEDRÁTICO DE PSICOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA


El primer libro que leí de Howard Gardner no tenía que ver con su famosa teoría de las Inteligencias Múltiples, sino que fue otra de sus magníficas obras ‘La nueva ciencia de la mente’. En este libro se abría una ola de esperanza sobre nuestro conocimiento del cerebro y la mente con el pretexto de narrar la historia de la revolución cognitiva. Un libro brillante e inspirador que cerraba sin acritud el programa de investigación del conductismo, una obra digna de un Leonardo Da Vinci de las ciencias cognitivas que unía a las ciencias sociales con las neurociencias con el ambicioso propósito de conocernos a nosotros mismos. El segundo sí fue ‘Estructuras de la mente: la teoría de las Inteligencias Múltiples’, probablemente, el responsable de que haya recibido este merecido premio y esté considerado como uno de los 100 intelectuales más influyentes del mundo. Esta teoría es una crítica de la visión clásica de la inteligencia que entiende que la inteligencia es una sola entidad, que nacemos con un potencial y unos límites predeterminados genéticamente y difíciles de cambiar y que podemos evaluarlos con pruebas psicométricas. El profesor Gardner se hizo en los 70 una pregunta sencilla: ¿podemos imaginarnos que cuando Mozart componía o cuando Picasso dibujaba estaban sus cerebros realizando las mismas operaciones que un físico o un matemático cuando trabajan? Su respuesta tras muchas investigaciones fue que la inteligencia es un potencial biopsicológico para procesar de ciertas maneras unas formas concretas de información. Es decir, la inteligencia no es única sino plural y cada persona posee al menos ocho tipos diferentes: inteligencia lingüística, lógico-matemática, cinético-corporal, musical, espacial, naturalista, interpersonal e intrapersonal. Esta visión de la inteligencia ha tenido una gran repercusión en la educación porque concibe a cada persona con una combinación única de inteligencia y esto implica en una sociedad como la nuestra con unas escuelas con un único estilo de aprendizaje y enseñanza un desafío educativo enorme. El alumnado piensa, siente y aprende de maneras muy diferentes y la escuela debe adaptarse de forma inteligente y personalizada a sus diferencias y potencialidades, y no al contrario. Una escuela en la que puedan convivir y desarrollarse las personas con estilos analíticos y lógico matemáticos, pero también las más lingüísticas y narrativas. Una escuela en la que se potencie la creatividad y la innovación, la música, la danza y la pintura y, en general, las artes. Pero también una escuela abierta a las inteligencias personales y en las que se eduquen la inteligencia emocional y social del alumnado con el humilde, y a la vez tan humano, propósito de aprender a convivir y ser felices.Gracias profesor Howard Gardner por su influencia, gracias porque su mente haya cambiado las nuestras de una forma creativa y flexible.


ELISEO DÍEZ ITZA. PROFESOR DE PSICOLOGÍA EVOLUTIVA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO


Howard Gardner es profesor de psicología del desarrollo en la facultad de Educación de Harvard. Llegó allí hace medio siglo y se quedó. Dice que encontró un paraíso para la mente y un hogar intelectual. Sus padres habían escapado del genocidio nazi. Empezó a estudiar Historia, una de sus pasiones de la infancia, junto con la música. Ya era un lector ávido y una mente abierta, nada de lo humano le era ajeno. Iba para abogado o médico, así que cursó las asignaturas más variadas, muchas de ellas como oyente, por puro afán de aprender. Su vocación le llega al reconocerse en el método psicobiográfico de su profesor de psicología Erik Erikson. Era el puente perfecto desde las lecturas de la infancia hacia la investigación de la naturaleza humana. En su despacho, tiene una carta de Jean Piaget y una foto con Jerome Bruner, el más influyente de sus mentores. De él dice que encarna al educador total, inspirado aprendiz y profesor, abierto a todos y de una curiosidad contagiosa. Para Bruner, la inteligencia humana se construye día a día en el contexto de la cultura, hay actividad intelectual en todas partes, en las fronteras del conocimiento y en una clase de tercero de primaria. Gardner siempre fue un admirador y estudioso de seres humanos extraordinarios, desde el papa Juan XXIII a Picasso o Einstein. Sin embargo, la teoría de las inteligencias múltiples nace de sus investigaciones sobre lesiones cerebrales, de cómo se conservan distintas funciones mentales. Es el caso del Nobel de Literatura, Tomas Tranströmer, psicólogo y pianista como Gardner, que ha seguido activo como escritor y como músico. Conocí a Gardner como profesor en Harvard. Tuve el privilegio de asistir a sus clases de Creatividad y Moralidad. Entendí la esencia de su teoría de las inteligencias múltiples cuando el primer día les dijo muy serio a los estudiantes que tenía prosopagnosia, y añadió con humor: no reconozco ni a mis propios hijos. Era un grupo reducido y selecto, en un diminuto seminario sin ventanas a la noche del Cambridge bostoniano. El profesor Gardner enseñaba a hacer buenas preguntas. La trama de aquellos diálogos era un proyecto luminoso y revolucionario: investigar personas que destacan en su trabajo y actúan de forma responsable en relación con sus metas personales, su comunidad y el destino de la humanidad. Era el ‘Proyecto Buen Trabajo’: valores frente a lucro. Si creen en la Educación, lean a Gardner.



Inteligencias plurales


JOSÉ MUÑIZ. CATEDRÁTICO PSICOMETRÍA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO


El sentido general de la inteligencia es la capacidad de las personas para razonar, planificar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas, adaptarse al ambiente y aprender de la experiencia. Para evaluar estos y otros aspectos se desarrollaron los tests de inteligencia, que permiten obtener una medida general de inteligencia, expresada mediante el famoso Cociente Intelectual (CI), así como indicadores de otros aspectos más específicos, tales como la inteligencia Numérica, Espacial, Verbal, Memoria o Rapidez Perceptiva. Naturalmente las predicciones nunca se hacen con total precisión, pues en el rendimiento de una persona además de la inteligencia entran en juego otros factores de la Personalidad que pueden interferir en la citada ecuación, tales como desajustes emocionales, depresión, o ansiedad, por citar sólo tres, aparte del entorno y los familiares. Ese es a grandes rasgos el enfoque clásico de la inteligencia psicométrica, iniciado por Spearman en 1904 y culminado por Carroll en un trabajo monumental publicado en 1993. Su representante más egregio en España fue Mariano Yela, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo en 1990, y cuyo magistral discurso versó precisamente sobre Cara y Cruz de la Inteligencia. ¿Cuál es la aportación clave de Howard Gardner que le hace merecidamente acreedor del Premio Príncipe de Asturias? En 1983 Gardner publica un libro sobre las Inteligencias Múltiples en el que propone ampliar el campo clásico a otros aspectos. En concreto propone siete tipos de inteligencia: Lingüística, Lógico-Matemática, Espacial, Musical, Corporal-cinética, Interpersonal e Intrapersonal. Posteriormente añadió otras dos, Naturalista y Existencial. Se trata de una propuesta audaz, y en general fue bien acogida por los investigadores, aunque no faltaron las críticas. La inteligencia interpersonal se define como la habilidad de las personas para interactuar con las demás, la inteligencia social. Estos dos tipos de inteligencia serán recogidos posteriormente por Goleman dentro de su popular planteamiento sobre Inteligencia Emocional. Así que bien podemos decir que Gardner está en los orígenes de los estudios sobre Inteligencia Emocional. La propuesta de Gardner fue especialmente bien acogida en el ámbito educativo, pues ofrecía una base bien estructurada para conocer el tipo de inteligencia de cada niño y tratar de potenciar sus puntos fuertes, ya que un tipo de inteligencia no es más respetable que otro, aplicando aquí el refrán castellano a los tipos de inteligencia, bien podría decirse que nadie es más que nadie. En la actualidad el modelo de inteligencias múltiples de Gardner tiene por delante dos tareas de investigación importantes, por un lado demostrar empíricamente que tiene capacidad predictiva, y por otro desarrollar tests que midan las distintas inteligencias propuestas de forma rigurosa, y en ello se afanan distintos grupos de investigación por todo el mundo, incluida España.

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