Trabajo presentado por Carlota Rivas, Cristina López, Laura Palacio y Paula Sánchez. Diario elaborado por Pablo Suco. Asisten 13 personas
Hoy les tocaba exponer a Carlota Rivas, Cristina López, Laura Palacio y Paula Sánchez, que nos hablaron de la Coeducación.
Nos explicaron que el primer manifiesto feminista fue escrito en 1792 por Mary Wollstonecraft, conocida como Mary Shelley, que fue la que creó el mito de Frankenstein.
A finales del siglo XIX y primera mitad del XX, la mujer accede al derecho a la educación, pero existía una educacción segregada, diferenciando y separando la educación de chicos y chicas.
Surgió el primer movimiento reivindicativo feminista con Emilia Pardo Bazan como ejemplo, que llegó a ser profesora en la universidad.
Josetxu no contó que a sus clases solo asistía una persona ya que la introducción de la mujer en el mundo universitario no fue igual que en la literatura dónde fue más fácil.
Después nos contaron que la mujer pudo votar en España en 1931.
En 1970 se aprueba la Ley de Educación aunque es e 1985 se implanta definitivamente. Además con esta Ley se crea una Educación Mixta.
Olympe de Gouges es considerada la primera feminista de la historia y escribió la declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadanía en 1791, y fue decapitada por ello. Defendió la igualdad entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida.
Después no contaron que la primera catedrática de universidad fue Ángeles Galino.
Y también nos hablaron del “techo de cristal”, que es una barrera invisible que se encuentran las mujeres en un momento de su desarrollo profesional.
A continuación nos explicaron las características de la escuela segregada según sus valores, normas, legitimación y conocimiento empírico, y lo diferenciaron de la escuela mixta, que es la actual.
También se describió la escuela coeducativa, que es la que esperamos que haya en un futuro.
Después nos explicaron la Educación en las distintas etapas:
-Infantil: Distinto trato a niños y niñas.
-Primaria: Preguntan más a los chicos y a las chicas se les toleran más los errores.
-Secundaria: Se les exige más a los chicos y a las chicas se les ayudar a razonar las cosas.
- Bachillerato y estudios superiores: A las chicas se les presta menos atención.
Nos Hablaron en la universidad en los últimos años y pusieron ejemplos:
-Gemma, acaba medicina y se presenta al examen MIR, se observa que hay más chicas.
En general, pocas chicas llegaban a la universidad pero desde hace unos 25 años se puede ver que hay más mujeres que hombres aunque en el mercado laboral predominan los hombres debido a los inconvenientes y trabas que tienen las mujeres al acabar los estudios.
A principios de los 60 la tasa de actividad femenina era del 15%, a finales de los 70 había crecido pero seguía siendo inferior al 30%.
Después Josetxu nos habló del IDH (Índice de desarrollo humano) en el que Noruega está en primera posición, mientras que España se encuentra en el puesto 20º.
También hay una diferenciación entre hombres y mujeres en el cine y la televisión, donde las mujeres suelen tener papeles secundarios mientras que los hombres acaparan los de protagonista.
Después nos pusieron dos ejemplos de anuncios machistas de la tele, uno de los 60 y otro actual, y nos pusieron dos videos de dichos anuncios.
A continuación, nos contaron que el instituto de la mujer en España se creó en 1982 durante el gobierno de Felipe Gonzalez. El instituto asturiano de la mujer se fundó en Agosto de 1999.
Después nos explicaron la características que diferencian a los niños y niñas, características que se van creando con los años, al igual que los estereotipos de estos.
Existen dos colores sexistas, el rosa(niñas) y el azul(niños). Además se produce la llamada colonización rosa, dónde los artículos de las niñas son rosas.
El papel de los padres en la coeducación es muy importante ya que distinguen una serie de roles antes de nacer el bebé (habitación, colores, ropa, etc…)
También existe una diferencia en la convivencia con los niños y las niñas, distinto trato con un sexo u otro.
Josetxu nos habló de que ahora hay cada vez más literatura coeducativa.
Para terminar nos hablaron de las diferencias que existen entre los juegos de chicos y los de chicas.
-Los de los niños son más activos y en espacios abiertos.
-Los de las niñas son más verbales, ya que hablan más, y son más tranquilos.
A continuación propusieron una serie de preguntas y después un glosario con algunas palabras para aclarar su significado.
Por último citaron algunos autores a favor y en contra de la coeducación.
BARTLEY, SANDRA LEE. La pedagogía de la vergüenza. En LUKE, CARMEN (1999). Feminismos y pedagogías de la vida cotidiana. Madrid: Morata, págs. 218-221.
El Project on the Status and Education of Woman de la Association of American Colleges ha elaborado un extraordinario informe que detalla las diversas formas de provocar en las niñas y en las mujeres las sensación de un yo inferior a través del clima de la clase en todos los niveles educativos. Aunque no pueda culparse a todos los profesores de los tipos de tratamiento despectivo que se describen en este informe, esas conductas están muy extendidas y generalizadas. Como tal, el informe está bien documentado y sus afirmaciones apoyadas por diversos estudios empíricos.
Según el informe, es menos probable que se conceda directamente la palabra a las mujeres que a los hombres; de hecho, es frecuente que se las ignore, aunque manifiesten su disposición a hablar. Los profesores de primaria se dirigen a los chicos, con independencia de la zona del aula que ocupen y a las chicas sólo cuando están cerca de ellas. Suelen recordar mejor los nombres de los alumnos que los de las alumnas, llamándoles por su nombre más a menudo. No se concede a las mujeres el mismo tiempo que a los hombres para que se detengan en un problema hasta dar con la respuesta. Tampoco se plantean los mismos tipos de preguntas a los hombres y a las mujeres: con frecuencia a ellas se les hacen preguntas concretas (“¿Cuándo publicó Camus The Stranger?”) mientras que a los hombres se les formulan preguntas que requieren cierta capacidad crítica o analítica (“¿Cuáles te parecen las principales diferencias temáticas entre The Stranger y The Plague?”).
Algunos profesores realizan comentarios “útiles” a las mujeres que, sin embargo, implican su menor competencia (“Ya sé que las mujeres tienen ciertas dificultades con los conceptos técnicos, pero trataré de ayudaros con ellos”). Los profesores suelen apoyar más a los hombres que a las mujeres, moviendo la cabeza, y gesticulando con mayor frecuencia ante los comentarios de los hombres y animándolos y motivándolos para que den una respuesta más completa; esto indica que los aspectos mencionados por los hombres en los diálogos son importantes y que, si quieren, pueden esforzarse más, desde el punto de vista intelectual. Las mujeres reciben menos alabanzas que los hombres por un trabajo de menor calidad, pues los estudios han demostrado reiteradamente que se otorga una calificación superior cuando el mismo trabajo se asigna a un hombre que cuando se adjudica a una mujer, con independencia de que el tema en cuestión sea de carácter académico, una historia corta o una pintura.
Hay pruebas de que los éxitos logrados por los hombres suelen considerarse merecidos, mientras que los obtenidos por las mujeres se hacen corresponder con la suerte o con la facilidad de la tarea.
Tanto los profesores como los compañeros interrumpen más a las mujeres que a los hombres. Es mucho más probable que el tono del profesor indique interés cuando se dirige a los hombres que a las mujeres, con quienes suelen emplear un tono paternalista o despectivo. Se ha observado que los profesores mantienen más contacto visual con los hombres que con las mujeres: cuando hablan los hombres adoptan una postura de atención, mientras que, cuando hablan las mujeres, miran a otra parte o el reloj.
Al desconocer el hecho de que los estilos de comunicación están relacionados con el género, los profesores pueden suponer que el uso del “lenguaje de las mujeres” se deba a que no tienen nada que decir. Por otra parte, es fácil que no se vea con buenos ojos que las mujeres exhiban rasgos correspondientes al estereotipo masculino, como la ambición, la asertividad o el gusto por la polémica. Quizá la alumna reciba insinuaciones sexuales directas en clase, pero, aunque esto no ocurra, es mucho más probable que le hagan comentarios sobre su apariencia que a su compañero varón, lo que puede indicar que se la considera, ante todo, como un ser decorativo, menos serio, y por tanto, menos competente que sus compañeros.
Es posible que los profesores utilicen un humor sexista o hagan alusiones sexuales despectivas a las chicas como personas torpes. Puede que las menosprecien, a ellas o a los grupos de mujeres en general, o utilicen un lenguaje sexista, aludiendo a los seres humanos en términos masculinos genéricos o llamando a los alumnos “hombres” y a las alumnas “niñas” o “chicas”. El menosprecio lingüístico de las mujeres puede apreciarse en los cursos cuyos contenidos omiten la historia, la literatura, los éxitos y las perspectivas de las mujeres (y en el mismísimo diccionario).
Aquí, como en otros ámbitos, las mujeres de color se encuentran con una doble desventaja, porque el trato despectivo que se depara a las mujeres, con independencia de su raza, es semejante, en muchos aspectos, al trato despreciativo que padecen los estudiantes de color, cualquiera que sea su género. Los profesores pueden interpretar la conducta del alumno de acuerdo con los estereotipos raciales, tomando, por ejemplo, el silencio de una mujer negra como una muestra de “resentimiento” y el de una mujer hispana como indicio de “pasividad”. En particular, las mujeres negras afirman que, de antemano, sus profesores las toman por incompetentes, en el plano académico, y, en caso contrario, como ”excepciones” académicamente brillantes. Es muy fácil señalar a la mujer negra, de manera que se destaque su diferencia respecto al grupo, al preguntarle, por ejemplo, por “el punto de vista de la mujer negra” sobre alguna cuestión, en vez de pedirle el suyo.
Los profesores universitarios han sido mejores mentores para los hombres que para las mujeres; es más probable que les escojan para ocupar ayudantías de enseñanza e investigación y que se pongan en contacto con ellos cuando surgen oportunidades profesionales. En las asignaturas de laboratorio, se ha observado que los profesores se sitúan más cerca de los hombres que de las mujeres, dando a éstos instrucciones más detalladas sobre el modo de realizar la tarea encomendada. Es más probable que ejecuten ellos mismos el trabajo que debían hacer las mujeres o, encaso contrario, consienten que lo hagan mal. En esas asignaturas, se permite con frecuencia a los hombres que excluyan de las demostraciones a las mujeres. Es difícil que los profesores reconozcan que la dinámica del debate en grupos mixtos de hombres y mujeres no es diferente de la que se suscita fuera de clase y, en consecuencia, no es probable que intenten modificarla:
A pesar de la creencia popular de que, en las situaciones cotidianas, las mujeres hablan más que los hombres, los estudios demuestran que, en grupos formales en los que ambos están presentes, los hombres hablan más que las mujeres; los hombres hablan durante períodos más largos y en más ocasiones; los hombres controlan más el tema de conversación; los hombres interrumpen a las mujeres con mayor frecuencia que las mujeres a los hombres y es más corriente que las interrupciones de los hombres incluyan comentarios triviales o de un carácter inadecuadamente personal que llevan a dar por concluida la intervención de la mujer o a modificar su enfoque.
Consideradas en su totalidad, estas conductas no hacen sino menospreciara las mujeres, comunicarles la insignificancia y la falta de seriedad de sus personas en clases. Cuando tenemos en cuenta la longitud de esta serie de microconductas y de sensaciones que, a buen seguro, constituyen su efecto acumulativo, estamos tentadas a considerar la conducta de humillación dirigida contra las mujeres en el aula moderna como el equivalente moral de las orejas de burro de la antigua.
Como dijimos antes, el aula sólo es una de las diversas situaciones en las que se constituye el sentido del yo de las mujeres. En otros muchos terrenos de la vida, por ejemplo, en la familia, la iglesia y el centro de trabajo, se producen conductas similares a las que acabamos de señalar. Si, como indiqué antes, las mujeres son más proclives a la vergüenza que los hombres, no hay que buscar muy lejos la causa; en los principales lugares de la vida social, es más frecuente que se humille a las mujeres que a los hombres. Más aún, en el acto de ser humilladas y en la sensación de vergüenza se muestra a las mujeres quiénes son y cuál es su suerte en los campos en los que se desenvuelven, aunque esta manifestación sea ambigua y oblicua.